La teoría Polivagal propuesta por Stephen Porges, propone que nuestro sistema nervioso autónomo (SNA) no solo tiene dos ramas -simpático y parasimpático-, como tradicionalmente se enseñaba, sino tres circuitos principales, cada uno asociado a un nivel evolutivo diferente y a un tipo de respuesta determinada frente al entorno.
Esta teoría explica cómo el SNA – formado por el sistema nervioso simpático y por el parasimpático-, regula nuestras respuestas emocionales, sociales y de supervivencia. Describe que el este sistema no sólo tiene dos ramas, sino que la rama parasimpática está integrada por dos vías diferentes y con distintas funciones: la ventral y la dorsal. Y esta consideración, es un auténtico avance respecto a lo que hasta ahora era conocido.
Comencemos por explicar lo que hasta la aparición de la teoría Polivagal se conocía respecto al SNA.
Activación del Sistema nervioso autónomo simpático
Cuando esta vía nerviosa se activa, prepara al cuerpo para situaciones de estrés o de emergencia, conocido como la respuesta de «lucha o huida». Esta activación simpática, aumenta la frecuencia cardíaca, la presión arterial, la frecuencia respiratoria y dilata las pupilas. También inhibe funciones como la digestión para priorizar la respuesta de emergencia, inhibiendo también, otras funciones corporales.
¿Cómo funciona la activación simpática?
El sistema nervioso simpático se activa cuando el cuerpo percibe una amenaza, peligro o situación estresante, enviando impulsos nerviosos desde la médula espinal a diferentes partes del cuerpo. Su activación prepara al cuerpo para luchar (ira, energía para la acción, confrontación); o bien para huir, como conducta de evitación y supervivencia. Por tanto, se asocia a estados de activación, estrés y agitación.
La estimulación simpática genera impulsos que liberarán neurotransmisores como la adrenalina y la noradrenalina, que contribuyen a tener la energía suficiente como para dar respuesta, por ejemplo, a una situación de emergencia, a situaciones estresantes, o cuando se realiza una actividad física, generando más energía y oxígeno. También se activa el sistema nervioso simpático cuando sentimos emociones intensas, sean agradables o desagradables.
La activación constante del simpático mantenida durante períodos prolongados, puede ser perjudicial para la salud, provocando especialmente problemas cardiovasculares, digestivos, o afectando al sistema inmunológico, entre otros.
Activación del Sistema nervioso autónomo Parasimpático
Es una rama del sistema nervioso autónomo (nervio Vago), encargada de generar estados de calma y bienestar, aportando seguridad personal y recuperación después de la activación sostenida del simpático. En este estado parasimpático, se lentifica la frecuencia cardíaca y respiratoria, se favorecen los procesos digestivos, así como la absorción de nutrientes.
El parasimpático – a través del nervio vago-, modula la inflamación, regula la respuesta inmunitaria y favorece la recuperación del organismo. Contribuye por todo ello a la regulación emocional, a la conexión y a la participación social.

Equilibrio simpático parasimpático
Es importante equilibrar la activación del sistema nervioso simpático con la del parasimpático para tener una regulación saludable del funcionamiento del cuerpo. El primero, aporta energía para la acción, ya sea mental o física según las demandas de nuestra vida cotidiana. Mantener intensivamente este estado de acción sería altamente perjudicial ya que puede afectar seriamente a la salud en forma de procesos cardiovasculares, digestivos, etc.
Por tanto, ha de regularse con la activación del sistema nervioso parasimpático, que aporta calma y bienestar, genera respuestas de seguridad, facilita la expresión de emociones y la comunicación efectiva.
Los tres circuitos del sistema nervioso según Porges
Hasta aquí es lo que se conocía respecto a esta doble alternancia entre el simpático y el parasimpático hasta hace bien poco. Pero la teoría Polivagal de Porges, identifica tres circuitos:
1.- Sistema vagal ventral, de seguridad y conexión social; es la parte más nueva evolutivamente, denominada también parasimpático moderno, y se corresponde a lo que hemos descrito anteriormente. Se relaciona con la vía ventral del nervio vago, y nos permite estar presentes, en calma, y conectados con otras personas, con las que nos sentimos comprometidas socialmente. Está activo cuando sentimos curiosidad y motivación, o permanecemos focalizados en una actividad creativa y placentera.
En este estado establecemos contacto visual de manera natural, expresamos empatía hacia los demás, y hace que nos expresemos con una prosodia suave y variable. Podemos decir que es el estado óptimo y más evolucionado del funcionamiento del cuerpo y que nos aporta calma y bienestar.
2.- Sistema simpático (lucha/huida) al que también hemos hecho referencia anteriormente; se encarga de la activación y de la movilización hacia la acción y nos permite reaccionar de forma rápida y afrontar desafíos inmediatos. Pero en exceso, provoca sensaciones de alerta, inquietud, y estrés crónico. Según la situación a afrontar, genera el impulso para la acción, la lucha y la defensa, o contrariamente para un alejamiento y evitación del enfrentamiento.
3.- Sistema vagal dorsal: es el gran aporte de la teoría polivagal de S. Porges, y es el sistema más antiguo de los tres. Se activa en situaciones donde el peligro es percibido como ineludible, desencadenando una respuesta de inmovilidad, congelación o colapso emocional. Esta activación busca conservar la energía y proteger al cuerpo cuando no es posible luchar o huir, colocando a la persona, a veces, en un estado de desconexión. Ocurre en situaciones donde la vida está amenazada, o en situaciones de trauma severo, que provoca una sensación de desesperanza o congelamiento, y en casos extremos, de disociación.
El “escalonamiento”
De esta manera, Porges describe un patrón escalonado o jerárquico de activación, siguiendo este orden:
Sistema Vagal ventral: cuando nos encontramos seguros, permitiendo la conexión social, también denominado parasimpático moderno.
– Sistema simpático: cuando detectamos peligro, se activa este sistema, que nos impulsa a la acción ya sea para la lucha o la huida.
– Sistema vagal dorsal: cuando detectamos una amenaza extrema que conduce al colapso y a la inmovilización, se activa la rama dorsal del nervio vago (parasimpático primitivo).
Estos circuitos de respuesta se producen de forma automática, sin que lo decidamos de manera consciente, y se hace a través de la neurocepción; es el proceso automático e inconsciente por el cual el sistema nervioso detecta señales de seguridad, peligro o amenaza vital, sin necesidad de que pensemos en ello. Porges la describe como la “capacidad del cuerpo para leer el ambiente y las personas” para decidir qué estado del sistema nervioso autónomo activar.
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