Prosodia y teoría Polivagal
Según esta teoría la prosodia es uno de los indicadores que refleja el estado del SNA, aspecto éste que conecta a la prosodia -más allá de un fenómeno puramente paralingüístico-, con el estado emocional de la persona, ya sea de seguridad y bienestar (activación del nervio vago rama ventral) o diferentes grados de movilización, en donde interviene el sistema simpático preparándose para la lucha o huida; o estados emocionales de inmovilización, de gran bloqueo e incluso de desconexión (activación de la rama dorsal del nervio vago).
Porges da una gran importancia a la prosodia, referida a los aspectos melódicos y rítmicos del habla. Desde esta teoría, la prosodia está relacionada con el estado del SNA. Esto significa que cuando la persona se siente segura, con capacidad para el compromiso social y la regulación emocional, las inflexiones prosódicas de su voz revelarán variaciones de ritmo y velocidad, altura e intensidad adaptada al contexto comunicativo. En estas situaciones, está activado el sistema nervioso parasimpático, que corresponde a una activación del nervio vago en su rama ventral. En esta situación, la persona se encuentra en estado de calma, bienestar y confianza.
La teoría Polivagal considera que la prosodia forma parte fundamental del Sistema de Compromiso Social, que está controlado por la rama ventral del nervio vago. En este estado, que corresponde al sistema parasimpático moderno, la voz se expresa con calidez, variable en cuanto a la entonación, y flexible. A si vez, activa en el interlocutor, el mismo estado de seguridad y confianza de quien está hablando.
-En cambio, cuando está activado el sistema simpático -de lucha o huida-, se acelera la velocidad del habla, se vuelve más aguda, más tensa y con menor modulación tonal. Todo ello, denota un estado que puede ser percibido por el interlocutor como intimidante o ansioso.
– En el estado de activación dorsal vagal (parasimpático primitivo), la expresión oral se vuelve monótona, apagada, de volumen bajo, y ritmo más lento. En casos extremos, transmite una sensación de colapso o desconexión emocional; la prosodia se vuelve “plana” e inexpresiva.
Postura y teoría Polivagal
La postura es uno de los indicadores más evidentes del estado del SNA en el que se encuentra una persona. El cuerpo refleja si nos encontramos en un estado de seguridad, de movilización a la acción, o de colapso. Un cambio postural, como pasar de una posición encorvada y retraída, a una postura erguida y confiada, puede favorecer un cambio en el estado del SNA. Es decir, que uno y otro se influyen mutuamente.
Por ejemplo, si una persona muestra una postura cerrada, desvía la mirada cuando mira al interlocutor, y su voz se vuelve apagada, entrecortada o indecisa, está revelando una activación de la rama vagal dorsal de su SNA. Un cambio postural puede contribuir a activar su SNA hacia un estado de movilización, que le permita afrontar los desafíos de la vida diaria. Por tanto, cambiar la forma de moverse puede ayudar a cambiar el estado interno.
La teoría Polivagal, también tiene en cuenta la coherencia entre el tono emocional y el contenido verbal; es decir que podría haber una discordancia entre el contenido del mensaje y la prosodia utilizada, reflejando de esta manera una dificultad para acceder y expresar emociones de forma coherente. Es cuando decimos algo, pero nuestra voz y actitud corporal parecen expresar lo contrario.
Postura y movimiento en la teoría Polivagal
También para esta teoría, la postura y los movimientos guardan una profunda conexión con los estados tanto fisiológicos, emocionales y comportamentales de una persona.
Cuando está activada la rama ventral de nervio vago, es decir, cuando nos sentimos seguros y confiados, el cuerpo se mueve con movimientos suaves y fluidos, con buena coordinación, con una postura alineada en la vertical, sin esfuerzo y sin tensión en la zona de los hombros y el cuello. Movernos conscientemente de esta manera, refuerza nuestra seguridad personal, y facilita la conexión y participación social con una adecuada regulación de las emociones.
Cuando está activado el simpático, el cuerpo se vuelve más enérgico, aumenta la tensión muscular y la velocidad de los movimientos, que serán rápidos, impulsivos y con mayor gestualidad de los brazos y manos. En pequeñas dosis, permite descargar energía y una activación positiva para responder a las demandas del entorno. Pero si se mantiene prolongadamente en el tiempo, indican una hiperactivación o estrés sostenido.
Por otra parte, la activación del sistema dorsal vagal, refleja movimientos en colapso o inmovilización; el cuerpo se “encoge” para sentirse protegido; los movimientos son lentos, faltos de coordinación, con escaso tono muscular general y de la musculatura facial, que se vuelve inexpresiva. Puede dar la sensación de que la persona está “desconectada”.
Contrariamente, una postura abierta, confiada y segura, suele coincidir con una voz abierta y con facilidad para expresar emociones, sensaciones o pensamientos, imprimiéndole a la voz determinadas variaciones prosódicas o paraverbales.
También un cuerpo conectado y anclado sobre los pies, permite que los movimientos -al igual que la palabra -surjan de manera fluida y expresiva.
De esta manera, los aspectos prosódicos, posturales y la fluidez de los movimientos, tanto en la marcha como en la expresión oral, ponen de manifiesto una activación del nervio vago en su rama ventral que está relacionada con la relajación y el bienestar. De esta manera la teoría polivagal afirma que en este estado, la persona tiene capacidad para comprometerse en interacciones sociales seguras.
Por su parte, la activación del sistema simpático del SNA, también afecta a la calidad de la voz y a las inflexiones prosódicas, así como a la postura corporal, y a la fluidez de los movimientos corporales. En este estado de activación del sistema simpático, la persona puede manifestar dificultades para la interacción y participación social, mostrando conductas evitativas que le generan cierto malestar.
Cabe recordar que la activación simpática no siempre es negativa, sino bien al contrario; es necesaria cuando queremos activar y preparar la musculatura para un esfuerzo físico necesario, para la práctica deportiva competitiva, o para una activación mental exigente.
Expresiones faciales y teoría Polivagal
Las expresiones faciales también muestran el estado emocional de una persona, así como la regulación de su SNA. Para esta teoría, los músculos faciales especialmente inervados por el vago -también por el trigémino y el facial-, traducen a través de la mirada y del tono muscular de estos músculos, el estado de bienestar y de conexión para la participación social; mientras que, al contrario, una expresión rígida del rostro con dificultad para transmitir una mirada conectada, así como una sonrisa genuina, puede poner de manifiesto un estado de movilización con la activación del sistema simpático; o en estados más alterados llegar a la inmovilización ante una amenaza percibida sea real o subjetiva.
También a través de la expresión facial puede comprobarse si hay coherencia entre el contenido del mensaje oral y la expresión del rostro.
Expresar una sonrisa y una mirada amable activa los circuitos neuronales que están relacionados con las emociones positivas.
Hasta aquí, hemos querido precisar la interrelación existente entre los tres circuitos del SNA: el Simpático, el Parasimpática primitivo (rama dorsal del nervio Vago) y el Parasimpático moderno (rama ventral del nervio vago). A su vez, apreciar la gran dependencia de nuestra postura corporal, de nuestra respiración y de la flexibilidad de nuestros movimientos según sea el estado de activación del SNA en el que estemos; y cómo incide éste en la calidad de nuestra voz y en las variaciones prosódicas en la comunicación oral.
Inés Bustos Sánchez
Marzo 2026
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